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La escritura: el mejor invento de la humanidad

Actualizado: ago 4


Por Jorge Armando Pérez

Médico de la Universidad de Cartagena


Si hacemos el ensayo de preguntar a nuestros amigos y conocidos, sobre cuál ha sido el mayor invento de la humanidad, quizá se empiecen a acumular candidatos, cada uno con un buen argumento a su favor; el fuego, los antibióticos, el internet, el dinero, etcétera. Sin embargo, en lo que muchos historiadores, antropólogos y estudiosos del devenir del ser humano en general coinciden, es que hay un candidato que se eleva sobre los demás, principalmente porque gracias a este podemos siquiera hablar de historia, a saber: la escritura.




La aparición de la primera forma de escritura en Sumeria alrededor del año 3.500 a.c fue un hito tan descomunal para la humanidad que supuso el fin de lo que llamamos prehistoria y el inicio del registro histórico, ya nada volvería a ser remotamente similar después de esto.

Una de las cualidades que separan al ser humano en complejidad de los otros animales, es, precisamente, la capacidad de acumular información y transmitirla de forma eficiente. Si bien en los inicios de la civilización esto se hacía de forma oral, poder plasmarla en un medio cualquiera hacía que esta información trascendiera al sujeto y no dependiera de almacenarla en los cerebros de un número limitado de individuos. De modo tal que si el jefe sabio de la tribu moría, aún los jóvenes podían instruirse siempre que este dejara plasmado su conocimiento en unas tablas de arcilla. El conocimiento se volvió verdaderamente inmortal.

El filósofo español José Ortega y Gasset nos da una buen indicio de la importancia de esto en su libro 'La rebelión de las masas":

“El hombre, merced a su poder de recordar, acumula su propio pasado, lo posee y lo aprovecha. El hombre no es nunca un primer hombre: comienza desde luego a existir sobre cierta altitud de pretérito amontonado”.

Esa ventaja de no tener que ser “un primer hombre” como dice Ortega y Gasset tuvo su máximo empujón gracias a la escritura. La información que podía almacenarse era ahora infinita y fluiría a través de los siglos, con lo que se enriquecería a las siguientes generaciones, que a su vez aprenderán de sus fracasos y se cimentarán en sus triunfos.

Cuando pensamos en el registro escrito generalmente pensamos solo en palabras, pero la otra gran puerta que se abrió con este hito fue la de la aritmética. La posibilidad de registrar de forma escrita operaciones matemáticas o llevar cuenta de cifras supuso un gran avance en la organización de las primeras civilizaciones, las cuales pudieron diversificar el uso de las primeras monedas, así como llevar registro de los impuestos y hacer censos que permitieran crear los prototipos de lo que más adelante serían los Estados; otro tanto ocurrió con las leyes. Puesto que dejar un registro escrito permitió dar a conocer a un número mayor de personas las normas bajo las que debían ceñirse en un lugar, sin el inconveniente de la degradación que sufre la información transmitida de boca en boca. Así las leyes se solidificaron y se crearon tradiciones más robustas, que aglutinaron cada vez más personas bajo un modo de vida en común.

Con el tiempo llegó la modernidad y con ella el método científico. Aquí la escritura cumple otro rol crucial, esta vez como matriz fundamental en la que miles de procesos experimentales quedaban documentados, para que mentes curiosas, separadas por cientos de millas de distancias y motivadas por el saber, pudieran repetir los procesos de sus pares en otra nación. De esta forma el saber del ser humano daba un enorme salto que redundaría en la mejora sustancial de la calidad de vida de millones de personas.

Por último llegamos a nuestra era, la era digital, donde el procesamiento de datos se da a velocidades exorbitantes, donde el almacenamiento de información se duplica o triplica cada tanto, donde cada 8 o 10 años observamos un cambio en la dinámica del mundo que en otros tiempos llevaría siglos. En nuestro tiempo no solo se apilan enormes cantidades de libros impresos en vastas bibliotecas y librerías, también florece el contenido de internet que se extiende con cada año que pasa, y que hace posible que un estudiante de Lima pueda cumplir con su tarea gracias a un artículo que unos minutos atrás editó un profesor universitario en Bruselas.


Esta clase de proezas no serían posibles sin otro tipo de escritura: los códigos; los casi omnipresentes smartphones, las tablets y los ordenadores son lo que son gracias al lenguaje de programación, que utiliza códigos y algoritmos para procesar datos. Nunca la importancia de la escritura de todo tipo ha quedado tan manifiesta como en esta era en la que vivimos.


La Unesco calcula que hay hoy más de 700 millones de personas analfabetas en el mundo, y ni siquiera estas personas escapan a la antiquísima influencia de la escritura, cualquiera de ellas, aun si no fuera capaz de leer o escribir en ninguna lengua conocida, podría, si se le pide, hacer una burda representación gráfica de por ejemplo, un perro, un árbol, un ave. Esto es lo que se conoce como pictogramas, que también es un tipo de escritura.

En ese orden de ideas, resulta fácil saber por qué tantos académicos coinciden en que la escritura es el mejor invento jamás concebido por el ser humano. Ha estado con nosotros desde casi los albores de nuestra civilización y ha seguido guiando cada paso que hemos dado hasta convertirnos en la compleja sociedad hiperconectada de hoy.


Nos costaría hacer un esfuerzo muy grande para concebir un mundo con tan solo una pequeña fracción de la complejidad y riqueza del nuestro, sin la escritura. Quizá, sea por esta misma ubicuidad que olvidamos con rapidez su importancia; como reza el adagio popular: “Los árboles nos impiden ver el bosque”. Quizá, también por ello, vale la pena que agradezcamos contar con ella, cuando enviemos el próximo mensaje instantáneo desde el celular.



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